28 octubre 2023

Europa pinta poco en el negocio de la nueva minería

Manuel Rico || ""
Manuel Rico
Solo 6 de las 200 principales empresas mineras del mundo tienen su sede en la UE, donde explotan 17 minas de materias primas críticas.
Reunidos en el hotel Berlaymont a finales del pasado mes de enero, a pocos metros de las oficinas de la Unión Europea en Bruselas, ejecutivos de los principales bancos europeos recibieron una petición clara. "Quiero que inviertan en operaciones de materias primas críticas", apremió el comisario europeo Thierry Breton a financieros del Grupo Santander, Deutsche Bank o Société Générale, entre otros.
 
Dos meses después, la Comisión Europea presentó su proyecto de Reglamento de Materias Primas Críticas (también llamadas a veces “fundamentales”), que se está tramitando a velocidad de vértigo y podría entrar en vigor a principios de 2024, convirtiéndose así en unas de las leyes aprobadas con mayor rapidez en la historia comunitaria. El Reglamento quiere garantizar el suministro a la UE de níquel, litio, magnesio y otras materias primas esenciales para la transición ecológica y varias industrias estratégicas. Son vitales para los coches eléctricos y las energías renovables, los equipos militares y los sistemas aeroespaciales, así como los ordenadores portátiles y los teléfonos móviles.
 
La Comisión quiere que se abran nuevas minas en toda la UE para reducir su dependencia de China, pero hay un problema. Uno que quedó reflejado en la reunión de Thierry Breton con los banqueros: la Comisión no dispone de un fondo específico para financiar sus ambiciones en este campo.
 
En general, las materias primas críticas no son un negocio europeo. Las empresas con sede en la UE son una minoría, las firmas dedicadas a la exploración minera consiguen dinero sobre todo en las Bolsas de Canadá y Australia, la banca europea aporta financiación con cuentagotas y son muy pocas las grandes compañías del sector con minas abiertas en los 27 Estados de la Unión.
El comisario europeo Breton pidió a los bancos europeos que inviertan en negocios de materias primas críticas.Shutterstock

La Comisión Europea no tiene dinero para un fondo específico, pero quiere facilitar a las empresas la obtención de financiación calificando determinados proyectos mineros como “estratégicos”. La Comisión, además, es consciente de que "la inversión privada por sí sola no es suficiente" y admite que los proyectos pueden requerir también dinero público, que debería salir en todo caso de los presupuestos estatales o regionales de cada país. Alemania tiene previsto destinar entre 500 y 1.000 millones para apoyar la extracción de materias primas críticas. El Gobierno francés ya anunció que aportaría 500 millones para invertir en minería, dinero que estará gestionado por Infravia, un fondo de capital privado.
 
Pero no todos los países están en la misma situación económica.
 
"Obviamente, nos preocupan las diferentes capacidades presupuestarias de los Estados", confiesa la secretaria de Estado portuguesa de Energía, Ana Fontoura, en declaraciones a Investigate Eurpe. "Defendemos un marco sólido para las ayudas estatales, porque la Unión Europea debe incentivar a la industria europea, pero al mismo tiempo no puede crear desequilibrios internos".
 
En las negociaciones finales sobre el Reglamento que mantienen las tres principales instituciones comunitarias –Comisión, Consejo y Parlamento– se está debatiendo aún qué proyectos se deben consideran "estratégicos", de forma que puedan acceder de forma prioritaria a financiación pública. Y las patronales mineras presionan mucho para que la definición abarque al mayor número de proyectos posible. "No es necesariamente tarea de la UE financiar la minería", explica la eurodiputada alemana de Los Verdes Henrike Hahn. "Las empresas piden créditos a los bancos, pero éstos no están muy interesados en invertir en ese sector. Así que algunas empresas necesitan la certificación de proyecto estratégico", añade.
 
Las preocupaciones entre los líderes comunitarios se acrecientan por un contexto internacional complejo. La guerra en Ucrania exige un enorme esfuerzo financiero a la UE. Mientras, al otro lado del Atlántico, Estados Unidos aprobó un plan de ayuda masiva, la Inflation Reduction Act (IRA), que prevé una inversión de 369.000 millones de dólares (unos 350.000 millones de euros al cambio actual), parte de los cuales se destinarán a proyectos energéticos y climáticos.
 
"La IRA nos está robando todas las inversiones", afirma Rolf Kuby, director general del lobby minero europeo Euromines. "Nuestra petición de disponer de un fondo de financiación específico a nivel europeo nunca fue recibida positivamente. Estamos en una fase en la que todo el mundo pide dinero a gritos”, sostiene.
 
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, intentó contrarrestar el IRA estadounidense con un plan masivo de subvenciones. La idea del Fondo de Soberanía era recurrir a los mercados financieros para que aportasen préstamos blandos, pero diversos países del norte de la UE rechazaron la idea de un plan común de financiación de la transición ecológica. Asi que Von der Leyen tuvo que sacrificar su plan.
Protestas contra la mina de litio que Rio Tinto pretendía abrir en Serbia.Shutterstock

¿Cuánto dinero público se necesita? Euromines asegura que no lo sabe. "Es imposible dar una cifra", responde Kuby, aunque apunta que la financiación "tiene que ser lo suficientemente alta como para ser al menos comparable con la IRA y para responder a las inversiones y subvenciones chinas, porque esto es un elefante en la habitación". 
 
Lo que sí tiene claro Kuby es dónde debe ir mayoritariamente el dinero público: a la exploración. "Si queremos que mañana se abran nuevas minas, tenemos que centrarnos claramente en la exploración. Y ese es un negocio muy arriesgado. Es un negocio que no lo hacen necesariamente las major, sino pequeñas empresas de exploración geológica. Y sería importante que Europa encontrase la manera de ayudar a esas empresas exploradoras".
 
En la industria minera se distingue entre tres tipos de empresas: major, medianas (mid-tier en inglés) y junior. Las major son grandes multinacionales cuyos beneficios proceden básicamente de la explotación de las minas, mientras que las junior son pequeñas firmas que suelen centrarse en proyectos de exploración geológica que conllevan un alto riesgo financiero.
 
A pesar de consumir entre el 25% y el 30% de los metales del mundo, el gasto en exploración minera en Europa ronda el 3% del total, según se indica en la Hoja de ruta para la gestión sostenible de las materias primas minerales aprobada por el Gobierno español. Una situación que deberá cambiar de forma drástica si los 27 Estados de la UE quieren cumplir con el Reglamento en ciernes, especialmente a la vista de las proyecciones oficiales sobre consumo de materias primas críticas.
 
La Comisión Europea calcula que, en comparación con 2020, Europa necesitará 18 veces más litio en 2030 y 60 veces más en 2050 para satisfacer la demanda prevista de almacenamiento de energía y fabricación de vehículos eléctricos, que utilizan predominantemente baterías alimentadas con litio. 
 
En julio de 2019, una publicación del sector analizó los siete principales proyectos de extracción de litio que existían en Europa en aquel momento. Solo uno de ellos estaba siendo gestionado por una major, la angloaustraliana Rio Tinto, en Serbia. Los otros seis pertenecían a pequeñas empresas junior
 
En enero de 2022, el Gobierno serbio revocó las licencias de Rio Tinto para extraer litio tras meses de protestas ciudadanas masivas.
 
Y aunque los otros seis proyectos siguen vivos, ninguna de las minas ha abierto todavía, lo que no impide que cada cierto tiempo sus promotores anuncien a bombo y platillo un nuevo avance. Se trata de San José, en Extremadura, que pertenece a Infinity Lithium; Barroso, en Portugal, gestionado por Savannah Resources; Wolfsberg, en Austria, propiedad de European Lithium; Cinovec, en la República Checa, en manos de European Metals; Zinnwald, en Alemania, controlado entonces por Bacanora Lithium; y Keliber, en Finlandia, gestionado por Keliber Oy. Esta última es la más avanzada y ya ha sido comprada por una de las major, la multinacional sudafricana Sibanye-Stillwater. Ninguna de estas empresas tiene su sede en la UE.
 
Por el camino se han ido sumando algunas otras iniciativas. La australiana Vulcan Energy Resources puso en marcha en 2021 un proyecto piloto en el valle alemán del Rin para producir litio verde "sin emisiones de carbono". Este año, el gigante químico Nobian adquirió una participación del 50% en el proyecto. La francesa Imerys, por su parte, planea empezar a explotar un yacimiento de litio en su país en 2028.

Las empresas que exploran nuevos yacimientos tampoco suelen financiarse en Bolsas de la UE. Lo hacen sobre todo en Canadá y Australia. El creciente interés por las materias primas vinculadas a la transición ecológica está repercutiendo en estos mercados. El mes pasado, la Bolsa canadiense de Toronto publicó su clasificación anual de los 30 valores con mejor comportamiento en los últimos tres años. Siete eran empresas mineras (ninguna de ellas europeas), con un incremento medio del valor de sus acciones del 615%. Según se recoge en un informe de Naciones Unidas, en 2018 operaban en el mundo unas 2.000 empresas junior, de las que alrededor de 1.200 cotizaban en Toronto. El componente especulativo es clave en muchas de ellas.
Europa dio la espalda de forma generalizada a sus minas metálicas a finales del siglo pasado. Y eso se refleja en la escasez de empresas europeas potentes y en los pocos intereses que tienen en la UE las grandes multinacionales. Investigate Europe analizó las inversiones europeas de las 200 mayores empresas mineras del mundo por capitalización, utilizando datos de finales del pasado mes de julio. Únicamente 15 de ellas son europeas y solo seis tienen su sede en la UE. Las compañías de Canadá (38% del total), Estados Unidos (37%) y Australia (33%) dominan el mercado.
 
Como ocurre también en tantos otros sectores, entre los principales accionistas de las multinacionales mineras es frecuente encontrarse fondos de inversión. Blackrock controla más del 4% del capital de 10 de las 200 empresas. Otros nombres habituales entre los accionistas son The Vanguard Group, Van Eck Associates y First Eagle Invesment Management. Los cuatro fondos tienen su sede en Estados Unidos.
 
Aunque son pocos, hay algunos multimillonarios europeos gracias a la minería. Por ejemplo, el español Daniel Maté o el griego Telis Mistakidis, que controlan cada uno alrededor del 3% de Glencore, el gigante suizo de materias primas con la cuarta mayor capitalización bursátil. Otros poseen enormes fortunas, aunque sus empresas no estén entre las 200 primeras del mundo, como la familia francesa Duval, que controla Eramet, un importante productor de níquel.
 
De momento, la mayoría de las fortunas mineras no se hacen en suelo europeo. Esas 200 grandes empresas solo explotan 17 minas de materias primas críticas en la UE, en su mayoría de cobre. Tienen otros siete proyectos en cartera para extraer litio, cobalto, cobre o níquel. Estas empresas también tienen cinco plantas de reciclado o procesamiento de metales, cuatro de ellas ya operativas. La Agencia Internacional de la Energía calcula que actualmente hay entre 40 y 50 minas de materias primas críticas en la UE. Rolf Kuby, de Euromines, confía en que este número se duplique en la próxima década.
 
¿Puede cambiar esta situación en el futuro, como espera la UE con su nueva legislación sobre materias primas críticas? Quizá la respuesta la tenga la comisaria europea Margrethe Vestager. "La forma de hacer minería es absolutamente esencial. Muchas entidades de crédito no harán negocios contigo si eres una empresa minera a menos que piensen que controlas cómo se trata a la gente que vive donde están las minas, cómo te ocupas de las infracciones medioambientales y cómo puedes restaurar la zona una vez que hayas cerrado la mina", explicó Vestager en una entrevista con Investigate Europe.
 
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Con información de Maria Maggiore, Nico Schmidt, Atilla Kálmán, Eurydice Bersi y Paulo Pena.
Edición: Chris Matthews.
Gráficos: Marta Portocarrero.

Este trabajo ha contado con el apoyo de la Beca de Investigación para Periodismo Medioambiental del Journalismfund Europe.

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