21 mayo 2024

La inflación también vota en las europeas

Pascal Hansens
Pascal Hansens
Attila Kálmán
Attila Kálmán
La pobreza y la crisis del coste de la vida son prioridades para los votantes en las elecciones europeas de junio, según el Eurobarómetro. Datos del FMI indican que los beneficios empresariales contribuyeron al 45% de las subidas de precios.
Sobre el papel, la crisis inflacionista europea está remitiendo. Los índices han descendido desde los máximos de dos dígitos de 2022 y la OCDE señaló este mes que la inflación "está cayendo más rápido de lo previsto inicialmente y la confianza del sector privado está mejorando". Sin embargo, para los ciudadanos europeos, el impacto de la inflación sigue siendo muy real. "Antes compraba feta [queso típico griego] a 7 u 8 euros el kilo, ahora está a 14. Por supuesto, no lo compro a ese precio, busco ofertas especiales y voy a varios supermercados cada semana", explica Maria, de 63 años, que trabaja de limpiadora en Atenas. Dice que muchos griegos han cambiado sus hábitos de compra debido a la alta inflación y ahora deben recorrer la ciudad en busca de gangas.

Al otro lado de Europa, Frédéric, que vive cerca de París, también se ve afectado por los altos precios. "Es muy sencillo, mis facturas de gas y electricidad han subido un 35%". Este contable francés ha empezado a llevar un control de sus gastos en una hoja de cálculo para ver adónde va a parar su dinero, y observa que los alimentos y los servicios públicos son los que más han subido.

La situación en Europa central es aún peor. "La gente compra espectacularmente menos y, sin embargo, paga más. Muchas personas están tensas cuando tienen que pagar, algunas incluso sueltan palabrotas", señala Réka, cajera de un supermercado de Budapest. No en vano, Hungría tiene la inflación alimentaria más alta de Europa, con precios que casi se han duplicado desde 2020.
La inflación anual en toda la UE alcanzó un récord del 11,5% en octubre de 2022 (el Banco Central Europeo establece un objetivo del 2%). La escalada de los precios se debió a las consecuencias de la pandemia del Covid, al impacto desestabilizador de la invasión rusa de Ucrania y a las deficiencias de las políticas estatales. Además, muchos precios se han disparado aún más debido a las prácticas empresariales de inflación de la codicia empresarial (greedflation en el término inglés original).

No es de extrañar, por tanto, que la pobreza y la crisis del coste de la vida sean prioridades para los votantes en las elecciones europeas de junio, según una encuesta del Eurobarómetro. Millones de personas siguen preocupadas por la vivienda, el empleo y los gastos cotidianos, y los partidos de extrema derecha buscan aprovecharse de estos temores durante la campaña electoral. Jordan Bardella, candidato en Francia de la ultraderechista Agrupación Nacional, declaró que el poder adquisitivo es "una de las grandes angustias no tratadas" de los ciudadanos. "La inflación es un muro ante el que millones de franceses ya no pueden más", añadió

Tras la invasión rusa de Ucrania, la inflación se vio alimentada principalmente por el aumento de los costes de la energía, pero a principios de 2023 Europa se había adaptado a su nuevo suministro energético. Los precios de los alimentos se habían convertido en la principal causa de inflación. Y ahora hemos llegado al punto en que el aumento del coste de los servicios es la principal causa. Como dice András, un peluquero de Budapest: "El casero subió el alquiler de la peluquería a principios de año con la cifra oficial de inflación, así que por eso subo yo el precio".

No es sorprendente que los países más dependientes del gas ruso hayan registrado las mayores subidas de los precios de la energía en los últimos años. Al mismo tiempo, los salarios no han subido a un ritmo similar. Los salarios reales sólo se han incrementado en Bélgica (un 2,9%) –donde los salarios están totalmente indexados a la inflación– y en los Países Bajos un (0,4%), si se comparan los datos del primer trimestre de 2022 y 2023. En el resto de Estados, la caída de los salarios reales osciló entre el 0,8% de Luxemburgo y el 15,6% de Hungría.
Hay muchas razones detrás de esta realidad. Una importante es la falta de cobertura de los trabajadores por los convenios colectivos, según Nicolas Schmit, comisario europeo de Empleo y Derechos Sociales. Una directiva europea recientemente adoptada establece un objetivo no vinculante de cobertura del 80%. Schmit, uno de los candidatos a la presidencia de la Comisión Europea en junio, cree que la indexación salarial, como en Bélgica y Luxemburgo, podría ser una solución, aunque tiene sus límites.

En enero de 2023, España redujo el IVA de los alimentos básicos del 4% al 0% en un intento de atajar su crisis inflacionista. Esta fue una medida que adoptaron varios gobiernos, entre ellos el polaco, el italiano y el portugués. Otra medida habitual para combatir la inflación alimentaria fue la introducción de precios máximos, que planteó Hungría. No con mucho éxito, porque los supermercados recuperaron los beneficios perdidos por los productos rebajados de forma obligatoria mediante mayores márgenes en otros artículos.

El gobierno griego encontró una tercera vía. En cuanto a los precios de los supermercados, una de las medidas más exitosas contra la inflación fue la prohibición durante tres meses de la promoción de ventas de productos que hubieran tenido una subida de precios reciente. Las empresas renunciaron a subir los precios por miedo a perder cuota de mercado.

Con los precios del gas y el petróleo fuera de control, casi todos los gobiernos han regulado también los precios de los combustibles: a veces con precios máximos (Hungría de nuevo), a veces con rebajas (Alemania, España), a veces con recortes de los impuestos (Italia, Polonia, España). En España también tuvo un impacto importante la autorización por parte de la Comisión Europea de la denominada "excepción ibérica", que permitió desacoplar los precios del gas y de la electricidad, lo que según el Gobierno ahorró 5.106 millones a los hogares españoles.

Aunque mantener los precios del combustible bajo control ha ayudado tanto a los hogares como a las empresas, subvencionar los precios de la energía ha afectado esencialmente sólo a los hogares, con precios íntegros a partir de un determinado consumo. Para las empresas que necesitan grandes cantidades de energía, éste ha sido el mayor problema y ha alimentado la inflación. Por otro lado, ha dejado más dinero en los bolsillos de la gente, pero realmente ha costado mucho a las arcas estatales.

La inflación siempre golpea más fuerte a los más pobres. Portugal, Italia o España han ofrecido subsidios puntuales para ayudar a los más desfavorecidos, pero son minoritarios. La sombría realidad queda ilustrada por el número de personas que ahora no pueden calentar sus hogares. Desde 2021, el panorama ha empeorado drásticamente en la mayor parte de Europa.

En España y Grecia, una de cada cinco personas no puede cubrir sus necesidades básicas de servicios públicos. "El otro problema que tienes en Grecia y en la Unión Europea es que la inflación es mayor para los que tienen menos ingresos", dice el eurodiputado griego Georgios Kyrtsos. "Porque gastan todo su dinero en vivienda, energía y alimentos".
Pero los dos últimos años no han sido malos para todos. Muchas empresas y sus accionistas han prosperado. Las principales empresas francesas, que componen el índice CAC 40, celebraron un año récord en 2023, con unos beneficios combinados de 153.600 millones de euros. Según la Confederación Europea de Sindicatos (CES), la participación en los beneficios aumentó en toda la UE un 4% desde el inicio de la pandemia. El pago de dividendos a los accionistas aumentó hasta 13 veces más rápido que los salarios.

Esto puede explicarse en parte por un punto ciego en las medidas desplegadas para combatir la inflación, a saber, la lucha contra la inflación de la codicia, impulsada por las empresas que se aprovechan de la inflación para justificar subidas de precios exorbitantes, dando prioridad a los beneficios sobre el bienestar de los consumidores. Puede ocurrir cuando las empresas prevén un aumento de los costes de producción, por lo que elevan artificialmente los precios al consumo. O cuando se mantienen los precios de venta al público más altos aunque los costes de producción vuelvan a bajar.

Ya el pasado mes de junio, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, dio la voz de alarma. Lagarde advirtió de que algunos sectores habían aprovechado los desequilibrios entre la oferta y la demanda y la volatilidad de la inflación para aumentar sus beneficios. Señaló a los sectores de la agricultura, la construcción y los servicios por sus posibles subidas injustificadas de precios e instó a las autoridades de competencia a examinar estas prácticas.

En la eurozona, la inflación reciente se debe en gran medida al aumento de los beneficios y de los precios de importación. Los beneficios contribuyeron al 45% de las subidas de precios desde principios de 2022, según datos del Fondo Monetario Internacional del pasado mes de junio. "Hasta ahora, las empresas europeas se han protegido más que los trabajadores del choque adverso de los costes", valoraron los autores.

La avaricia empresarial es mucho más fuerte que la inflación inducida por los salarios, afirma la economista francesa Jézabel Couppey-Soubeyran, para quien este fenómeno se debe también a la concentración de los mercados, que es una tendencia subyacente, sobre todo en los sectores de la energía, la alimentación y la banca. "Lo que hemos visto estos últimos años es que las empresas, sobre todo en el sector minorista, repercuten las subidas en sus precios de venta. Es este problema el que tenemos que tener en cuenta e intentar limitar. Los Estados miembros no se han ocupado realmente del problema", indica.

El presidente francés, Emmanuel Macron, atacó el año pasado el "cinismo" de quienes "obtienen unos ingresos tan excepcionales que acaban utilizando ese dinero para recomprar sus propias acciones". Prometió implantar un impuesto para que "los trabajadores puedan beneficiarse" de los beneficios desorbitados. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, también denunció la inflación de la codicia, advirtiendo a las empresas de que Grecia "no es una república bananera".

Pero rara vez han seguido medidas concretas a las declaraciones grandilocuentes y los mecanismos de control siguen siendo inadecuados. El análisis de las políticas nacionales realizado por Investigate Europe no encontró medidas claras para frenar el fenómeno, salvo en el sector energético. Ya en 2022, la UE adoptó un reglamento de emergencia para hacer frente a los altos precios de la energía, estableciendo una contribución solidaria temporal obligatoria sobre los excedentes de las empresas de combustibles fósiles. Pero esto terminó en diciembre de 2023.

La contribución de los beneficios a la inflación "pasó un poco desapercibida", lamentó la presidenta del BCE ante los parlamentarios europeos. La razón, dijo, es sencilla: "No tenemos tantos y tan buenos datos sobre los beneficios como sobre los salarios".

No hay una aceptación compartida entre los actores políticos de que la inflación de la codicia haya afectado fuertemente a todos, admite Ester Lynch, secretaria general de la CES. "A quién escuchan los gobiernos y la persuasión política creo que pueden explicar esta inapetencia gubernamental para actuar contra el exceso de beneficios", afirma. "No existía la aceptación de que, al hacer subir los precios, el aumento de los beneficios afectaba a todos. Por parte de los trabajadores, fuimos inflexibles y presionamos, pero no había el mismo sentido de urgencia por parte de los gobiernos".
Un cliente pasea por un mercado semivacío en Budapest. Shutterstock

El comisario Schmit sostiene que no hay que simplificar demasiado la cuestión. Pero cree que las empresas deben pagar la parte que les corresponde y tributar por los superbeneficios para invertir en la transición ecológica y las industrias de defensa: "Estamos hablando de miles de millones de euros si tomamos las cifras de los próximos 10 años".

En la actualidad, las perspectivas son positivas: la inflación se ha reducido a alrededor del 2% desde su máximo de 2022, debido en gran parte al descenso de los precios de la energía y los alimentos. "El impacto del endurecimiento de las condiciones monetarias continúa (...) pero la actividad mundial se está mostrando relativamente resistente, la inflación está cayendo más rápido de lo previsto inicialmente y la confianza del sector privado está mejorando", evaluaba un informe de la OCDE publicado en mayo. Sin embargo, es necesario que los beneficios sigan cayendo para que la inflación se mantenga en torno al objetivo del 2%, señaló el Banco Central Europeo en un análisis de abril.

Pero llegará otra tormenta. La economista Jézabel Couppey-Soubeyran sugiere que, aunque la inflación parece estabilizarse, es prematuro darla por terminada. "Si no luchamos contra la parte estructural, es decir, contra el cambio climático y la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, seguiremos expuestos a la volatilidad de los precios", afirma.

El Parlamento Europeo votó en diciembre si apoyaba un impuesto temporal de solidaridad ante la crisis sobre los "beneficios indebidos y excesivos". La resolución fracasó por un estrecho margen: 282 votos a favor y 300 en contra. La oposición provino en su mayoría de los conservadores y la extrema derecha, los mismos partidos a quienes los sondeos pronostican importantes ganancias de escaños en las próximas elecciones europeas.

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